domingo, 4 de enero de 2009

DOCUMENTAR O NO DOCUMENTAR.

Este primer domingo del año he hecho muchas cosas. Desde que desperté quise poner a prueba mi capacidad de cumplir con todo lo que podría proponerme para la jornada, pero me resultó más desafiante probar cuánta diversidad de asuntos podrían ocuparme. A estas alturas de la noche, cuando supongo que este ejercicio de escribir será el paso previo al sueño, creo que mis expectivas fueron sobradamente satisfechas. No es un gesto de arrogancia. Si de algo estoy convencido para la tranquilidad de mi conciencia es no engañarme ni preteneder engañar a los demás. Así es que el resumen de tal diversidad puede ser nutrido.
Ahora bien: como al disponerme a escribir diariamente como lo hago desde el primer día de este año nuevo, definí que los textos no habrían de ser lo que se conoce como un diario, ni una crónica que fuera escrita diariamente. Así que para el caso de hoy, no me parece que deba precisar cada ida y vuelta que dí, si bien algunos encuentros o situaciones pudieran resultar interesantes. Al escribir como lo hago, este tipo de textos pueden llegar a personas que no simpaticen con mi idea de dar el testimonio permanente de mis andanzas. O pueden considerarlo pretencioso, o pueden considerar que me ocupo de asuntos tan personales como irrelevantes.
Así que sólo por establecer el contexto al tema de hoy quiero decir que la Ciudad regalaba una placidez acogedora, dondequiera que uno fuera. El cielo estaba inmensamente azul y la luz intensa hacía destacar todo cuanto podía ver. Dispuse no salir en carro y caminé al azar. Hacia el mediodía la gente se desbordaba por todas partes. O acababan de terminar el desayuno o ya buscaban dónde almorzar. Un domingo como hoy era tal la cantidad de turistas nacionales o extranjeros que ambulaba por todas partes, que me resultaba muy extraño dar con algún vecino conocido. Por eso fue tan agradable cruzarme con una familia amiga y conversar sin prisas a mitad de una calle que sólo es peatonal en días como hoy. Me refiero a este encuentro para darle sentido al título del texto. Resulta que entre las novedades que fue contando "el señor de la casa", dueño por herencia de un acreditado "estudio fotográfico", me dijo que no hace más de dos meses los voluminosos archivos de negativos y demás los legó al cuidado de una entidad equis, dada la motivación de un amigo en común. Esto me hubiera provocado un gesto de agrado por el oportuno procedimiento de salvaguarda, si no es que también me explica que la iniciativa del amigo propiciatorio fue una reacción al enterarse que el foto-heredero, temeroso de un incendio en sus archivos se adelantó al siniestro mandando al fuego una buena cantidad de esos archivos... Sólo alcancé a pronunciar dos o tres veces "Qué horror..."
De veras qué tragedia, por no decir qué barbaridad... Me resultó difícil contener la angustia que me causó esa "confidencia"... Revirtiendo el efecto, por uno de esos mecanismos mentales que tanto me fascinan, se me ocurrió contar mi experiencia de haber visitado en París la antigua Biblioteca Nacional de Francia y cómo ahí pude darme cuenta que se encuentra archivado todo elemento que haga constar de manera ilustrada el proceso de desarrollo de esa nación, con énfasis en lo cultural, por supuesto. Sin importar la naturaleza del documento: pintura, grabado, fotografía, dibujo, impresos, etcétera. Recuerdo haber tenido en mis manos pequeños formatos de Durero, de Okusai... Originales, pues... Recuerdo haberme atrevido a preguntar a la señora que nos atendía, sobre el contenido de una caja de archivo que señalé con mucha precisión. Y la diligente persona la bajó del anaquel, la abrió y me mostró lo que resultó ser el registro gráfico de la esquina occidental de la iglesia de Sain Germain des Pres (San Germán de Los Prados, como diríamos en castellano...). Ahí había fotografías y dibujos y grabados y pinturas... Específicamente de esa esquina. Y la señora me aclaró que de igual manera podía encontrar, en otros repositorios, similar documentación referida a la diversidad de áreas de que consta esa edificación. No me impresionó lo prolijo y bien cuidado del material que pude ver, sino enterarme que dicho resguardo abarca toda Francia, en todos sus aspectos susceptibles de ser documentados.
El amigo y su esposa quedaron sorprendidos de "los extremos" de esa tarea de los franceses y comentaron, con una expresión de culpabilidad por la quema de sus negativos, que efectivamente se lamentaban profundamente del hecho irreparable, al reconocer que entre tanto negativo quemado se había consumido una parte importante de lo acontecido en la ciudad durante varias décadas atrás. Y con ello asimismo el trabajo de sus antepasados ocupados en fotografíar personas y acontecimientos...
Tanto me afectó esa "anécdota", que al disponerme a escribir algo sobre todo lo interesante que me ocurrió en el día, creo que esto merece registrarse para explicar el porqué es importante conservar todos los registros de nuestra vida diaria. Entre el grupo familiar había un hijo de unos doce años a quien puse mi mano sobre el hombro, a punto de la despedida, y le dije "Dentro de cincuenta años, todo lo que ves ahora ya no va a existir. Todo será diferente. Nosotros mismos ya no estaremos vivos. Pero vos sí y espero que lo que hemos dicho no se te olvide. Hay que guardar hoy toda referencia de este tiempo presente, porque un día nada de esto quedará y sólo podrá existir en documentos que hayan sido bien guardados." La expresión lúcida de ese niño me ha acompañado el resto del día, con la esperanza de haber dejado en su conciencia una señal de lo que debe ser su responsabilidad en el presente que nos es común, y la trascendencia a una instancia futura que será sólo de él, pues nosotros ya no seremos parte de su futuro.
En mi casa son ya numerosas las cajas en las que he ido acumulando cuando material ha pasado por mis manos. Sin exagerar, ahí hay de todo… El coleccionismo, “natural” como práctica de la niñez y la adolescencia, dejó en mí un surco por el que nunca he dejado de transitar. De esa cuenta, son ya décadas de testimonio documental que me tienen invadido. Y me atormenta saber que a mi muerte alguien pueda tirar todo eso que nunca me atrevería a abandonar.
Documentar o no documentar… Esa es la cuestión…

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