No hay duda que el destino del ser humano es un y venir constante. Desde la protohistoria se tiene evidencias de su desplazamiento, más allá de masas continentales, condiciones del clima, cataclismos, apremios por hambre e inseguridad, fugas ante el acecho de otros grupos humanos o de bestias primitivas. Recorriendo muchísimos miles de años hasta llegar a nuestra situación actual en la que, valga la repetición, los seres humanos también se desplazan más allá de masas continentales, condiciones del clima, cataclismos, apremios por hambre e inseguridad, fugas ante el acecho de otros grupos humanos o de bestias primitivas..., uf... -la fatiga es por los miles de años recorridos-, todo parece igual, a diferencia que nuestros días son los del apogeo civilizatorio nunca antes alcanzado por la humanidad. Hablamos, por ejemplo, de logros en el arte, la filosofía, la ciencia y la tecnología...
Quizá lo que perdura, pese a todo, es el gusto, la necesidad o la urgencia por el ir y venir. Al dejar aparte cualquier situación que implique molestia o daño, lo andariego del ser humano fue consagrándose, ahora sí históricamente, como aventura de vivir, jornada de exploración, gusto por el viaje, autoexilio, viaje de estudio, en busca de un mejor futuro o un mundo mejor. Ahora bien, aparte de las situaciones ingratas, el término que resume y supone todo el gusto y lo fructífero que implica ese ir y venir es el turismo...
Pero el turismo, como acción humana deliberada para conocer mundo, sin distingo de distancias ni circunstancias, tiene reglas y condiciones. En lo particular, cada persona investida de la función turística, es decir el turista, debe cumplir con normativas de toda índole para satisfacer sus propósitos. Desde medio de transporte, recursos económicos, itinerario, etcétera... Pero el rol del turista, sólo se da con toda su voluntad y recursos como dependiente de toda una infraestructura de servicios. De los servicios del turismo... Y el turismo, a dónde va...? Qué hace ese sistema o como se le quiera llamar, para corresponder a las expectativas de ese imprevisible número de personas de procedencias inimaginables que en función turística van y vienen por el mundo...?
Preocuparnos del turismo no es una preocupación inútil... No pretendo desentrañar, por supuesto, la problemática y las acciones universales para hacer funcionar la llamada industria sin chimeneas... Pero no sólo es importante sino crucial saber sobre la situación y destino del turismo, porque cada vez hay menos lugares sobre la faz de la tierra que no tengan en esta actividad la esperanza de activar procesos económicos que les beneficien. Gracias a que algunos de los elementos que dinamizan el turismo son la curiosidad, la búsqueda y el desafío, nunca dejará de causar interés en el ser humano ir en pos de lo que no se conoce o lo que se supone sabrá compensar con satisfacciones y bienestar. Máxime si como sabemos, esta industria cuenta con los recursos que le permite ofrecer como la meta por alcanzar, toda índole de atractivos, sean estos naturales, culturales o tecnológicos.
Hay gustos de gustos... Si no que lo digan aquellos que encuentran interés por lo más agreste, lo más alto, lo más caluroso, lo más frío o lo más profundo, en contraste con quienes son seducidos por lugares solitarios o multitudinarios, por lo más glamuroso y espectacular, o por lo más técnico y científico. El ser humano se desplaza por infinidad de motivos: por solaz y descanso, por salud, por estudios, por servicio, por ser protagonista de algún acontecimiento... En fin, hasta por lo más excéntrico que algo pueda parecer...
Y a todo esto, el turismo a dónde va... Es decir a ese sistema para el que todo cuanto ocurre en el mundo puede ser de beneficio o medio para ofrecer sus usuarios. Si uno se pregunta qué le compete a la entidad turística a nuestro servicio cuando deseamos ir a algún lugar, podemos suponer que le interese nuestra satisfacción de principio a fin, con calidad, puntualidad y exactitud en todo lo que se nos ofrezca. Asimismo, que en todo momento hayamos recibido la información precisa, la seguridad del caso y el acompañamiento correspondiente. Si no, la experiencia nos dice que la peor publicidad para el turismo es el turista frustrado.
El tema importa más de lo que hubiéramos podido estimar, porque vivimos en un país y en una ciudad que tiene en el turismo uno de sus más importantes generadores de riqueza. Condición económica de la que dependen muchísimas personas y entidades privadas y de gobierno que brindan oportunidades de trabajo y se supone garantizan nuestra presencia digna y enaltecedora ante el mundo. Por eso y muchas razones más nos interesa saber y el turismo a dónde va...?
El turismo como sistema de actividad de beneficio está en una grave crisis. Aquí no importan los informes oficiales, por ejemplo, porque uno ya sabe que siempre son engañosos. Aquí lo que importa es la realidad que nos consta y que ponemos a prueba con lo que sigue.
El mundo es cada vez más peligroso, dondequiera que uno vaya, y la salvaguarda de los viajeros que siempre van por doquier es la primera gran responsabilidad que se debe atender. Los medios de tranporte son cada vez más onerosos, pero los turistas siempre quieren ir a algún lugar. No es fácil ofrecer costos más bajos, pero al turista que ha tomado la decisión de ir de paseo por alguna parte, ya resuelto el tema de costos de la transportación, lo que espera es llegar bien a su destino y sentirse bien y disfrutar lo que se le ha ofrecido que va a encontrar. En este punto es donde conviene cuestionar del sistema turístico su dimensión receptora, porque con la persona a punto de utilizar los servicios, qué debe ofrecerle el sistema...
Lo más importante y en todo momento, la seguridad personal. La integridad humana del turista. Luego, calidad en los servicios. En todos: información y orientación precisa y correcta, y asistencia para las eventualidades. De acuerdo con el plan de visita elaborado con total responsabilidad con el turista, hay que asegurarle que siempre y en todo lugar le serán proporcionadas las mejores opciones para disfrutar al máximo su tiempo de viaje, adicionándole atractivos que vayan suscitándose, pues cabe la posibilidad que quiera aprovecharlos. Las claves del turismo deben ser básicamente tres, si los expertos no dicen lo contrario: que una persona viva profrundamente la motivación para hacer un viaje, motivarle también para que permanezca más tiempo o vuelva para repetir la experiencia, y que en todo momento su experiencia en todo momento sea rebosante de satisfacción...
Conocemos algún lugar donde se den las siguientes situaciones...:
jueves, 12 de febrero de 2009
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