Todo es un tránsito... Entre el presente y el pasado tan solo hay una pulsación, un parpadeo, un silencio, un gesto, un ademán, un trazo, un quejido, una imagen, un latido... La vida es una suceción de instantes. De infinitos instantes, mientras llega el último. En todo y para todos... Por eso la única manera de salvar el instante y hacerlo que trascienda, como un cúmulo de tiempo que siempre será pasado, es la intensidad. No es vivir más. Es profundizar la vivencia. Que deje una huella mayor lo que ocurre y siempre pasa. Un beso, un adiós, una sonrisa, un orgasmo, el dolor, un sí o un no... La suma de esa incontable sucesión de hechos, con la sumatoria de sus instancias, condiciones y circunstancias, es la vida misma. Ya sabemos que los "hubiera" no existen. De manera que nuestra existencia sólo puede concebirse como una suma y una multiplicación. No tiene ningún sentido ocuparse de las restas y las divisiones. Menos, mucho menos, de lo que pudo ser y no fue... Muchos viven en esa zona marginal de la vida. En el quisiera, en el hubiera... Simple equívoco en el enfoque del vivir. La vida es dinámica, es acción, es posibilidad realizada, es hecho consumado.
Al final de la Cuaresma, vivida en todas sus posibilidades y en todo los sentidos que el tiempo y las circunstancias lo permitieron, quedo exhausto en mis condiciones físicas. No así en el cúmulo de todo lo vivido. Como siempre me lo he propuesto, fui, llegué, hice y volví... Intensamente... Para qué...? Para ejercer mi derecho a vivir como yo me lo he propuesto. Sin competir con nadie. Ni conmigo mismo. Sencillamente llegar al límite de nuestra propia medida. Nada más. Y aquí estoy. Ciertamente exhausto, pero satisfecho.
...
Doblo la página a la espera que los nuevos amaneceres perfilen nuevas expectativas y que los anocheceres que nos sea posible vivir sean suficientes para la reconciliación con la más profunda y auténtica intimidad nuestra, poniéndonos a cuentas con nosotros mismos en esa ecuación saludable que debe resultar entre lo que nos propusimos y lo que logramos. Hasta el final, cuando el saldo nos sea favorable y entonces pondamos descansar definitivamente en paz con nosostros mismos y con los demás... Amén...
domingo, 12 de abril de 2009
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