Dondequiera que voy trato de mantener una actitud atenta por todo cuanto hago y por todo lo que encuentro. Especialmente me dedico a observar a las personas con las que me cruzo en el camino, sea que se dé una comunicación directa, en la que operan los mensajes convencionales o con detenida motivación, o sea que no haya ninguna proximidad como para el contacto y las personas van cada quien con lo suyo y por sus inescrutables rumbos... Pero..., en la medida de lo posible, allá va mi atención por su figura y su dinámica... Algún interés por el estudio sociológico en esta cosmópolis donde vivo o en otros lugares? Para nada... Algún prurito o falta de ocupación...? Menos... Gusto por lo críptico en la vida de los demás, por conocidos y mejor si para nada conocidos? Mucho más que eso... Esta reflexión tiene, precisamente, la intención de aclararme a mí mismo el por qué y para qué de esa dedicación...
Resulta que con el correr de los años la visión del mundo de cada persona cambia más de manera imprevisible que como una disposición deliberada. No todos tienen conciencia de ello, por supuesto, y por lo mismo la mayoría de personas nunca adquieren ese sentido de clara y precisa ubicuidad que a cada quien corresponde como seres únicos, indivisibles e intransferibles que aún estamos seguros que somos sobre la faz de la Tierra y en la circunstancialidad de tiempo y espacio que nos ha correspondido existir.
domingo, 19 de abril de 2009
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