sábado, 4 de julio de 2009

CON LOS TURISTAS, PASO A PASO...

Desde que esta mañana pude conversar con alguien repetí a lo largo del día mis expresiones de gozo por el esplendor de las horas. Temprano, cuando advertí la limpidez del cielo y la frescura de la atmósfera. Hacia el mediodía, cuando el sol nos llevó a causarnos un bochornoso agobio con su calidez fogosa. Y al atardecer, cuando a medida que se ensombrecían las calles y los techos de la ciudad, seguía siendo refulgente en las alturas de los más altos edificios, en contraste con la luminosidad detenida en la transparencia arbórea de los cerros, montañas y volcanes que enmarcan nuestra gran ciudad...

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